Por fin había llegado la 11ª jornada y, con ella, el desplazamiento más largo de la temporada para el Corbera, el partido más deseado pero también el más temido hasta el momento, el segundo contra el tercero de la tabla. La emoción y los nervios estaban a flor de piel, jugadores y técnico deseando que el árbitro marcara el inicio del partido para demostrar que el conjunto corberense es un fuerte candidato al liderazgo de la competición, pero al mismo tiempo con la incertidumbre de saber que ese mismo pitido significaba también que cualquier cosa podía pasar. Era, sin duda, el mejor partido de la jornada: Club Patí Riudebitlles contra el Club Hoquei Corbera.
Con sólo fijarse en los primeros toques de bola, ya se vio claramente que iba a ser un encuentro de mucho nivel, con dos equipos muy parecidos en su sistema de juego y con jugadores de gran calidad. Empezaron a haber algunas oportunidades para los dos conjuntos, pero los porteros, de manera excelente, defendían sus arcos implacablemente. Estaba claro, se iba a tener que luchar mucho para conseguir ese esperado gol que marcara la diferencia entre unos y otros.
Entre un juego muy limpio y muy pocas polémicas, llegó la primera gran oportunidad para el equipo local, un penalti muy claro pero que el guardavallas colombiano, Martín Nieto, se encargó de atajar perfectamente, lo que generó los aplausos y los gritos de ánimo tanto de sus compañeros como de los aficionados que habían acompañado al equipo.
Cuando faltaban 9 minutos para terminar el primer tiempo, el Riudebitlles hizo un penalti sobre el colombiano Daniel Hoyos que él mismo se encargó de transformar. Los jugadores se abrazaron, felices por esa ventaja que acababan de lograr, pero también animándose a seguir luchando, porque el final aún estaba muy lejos.
En otra jugada de ataque corberense, los locales cometieron otro penalti, ahora sobre Camilo Ramírez, pero esta vez el fuerte disparo salió desviado a algunos metros de la portería. Casi a continuación de esta acción, y después de una jugada estratégica muy bien planteada del Corbera, Daniel Hoyos lanzó la bola sin piedad dentro de la red, sumando así el segundo tanto al marcador y regalando al equipo una gran dosi de fuerza y de energía positiva. Y así llegó el final del primer tiempo, claramente dominado por un Corbera crecido, organizado, líder.
Los siguientes veinticinco minutos empezaron de manera muy parecida a los anteriores, pero pronto se vio que el descanso no le había ido muy bien al Corbera, que a medida que iban pasando minutos, se iba revolucionando, alocando e incluso perdiendo, en alguna ocasión, el control del juego. Necesitaban calmarse, mantener la cabeza fría y seguir jugando como lo habían estado haciendo hasta ese momento, sin dejarse llevar por la ansiedad que otras tantas veces les había traicionado.
A falta de 7 minutos del desenlace, el Riudebitlles hizo una rápida jugada de contraataque que acabó en un potente disparo que Martín Nieto apenas tuvo posibilidad de alcanzar. Eso colocaba el marcador en 1 – 2, quedaban pocos minutos y el Corbera debía organizarse y hacerse sólido en defensa. Realmente, cualquiera de los dos equipos podía haberse llevado el partido, ambos pelearon hasta la última bola, hasta el último aliento pero, por fin, el árbitro señaló el final del encuentro. Los saltos y gritos de alegría de unos contrastaban con la decepción de otros y, mientras aún se estaban saludando todos, sin saber cómo, se originó una fuerte pelea entre varios jugadores de los dos equipos a quienes hubo que separar y, posteriormente, llevar al médico debido a los golpes recibidos.
Habían deseado esa victoria desde hacía muchas semanas, la habían soñado y se habían estado motivando toda la semana. Con todas sus fuerzas. Consiguieron lo que tanto habían anhelado, pero todo quedó empañado por ese incidente final causado por la última jugada del partido. Una verdadera lástima no poder disfrutar lo que se habían ganado tanto y de manera tan limpia. Ahora, no queda más que esperar las sanciones correspondientes y aprender la lección.
Tona Català.


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