No podían dejar pasar esta oportunidad, era vital para seguir luchando por el campeonato. A los chicos del CH Corbera no se les debían escapar los tres puntos del partido que se disputaban ante el Centre Esportiu Cornellà, y es que, el día antes, habían jugado los dos primeros clasificados de la tabla, el Riudebitlles contra el Vilassar de Mar, y la derrota del primero dio pie a un cambio de líder y a un recorte de las distancias entre ambos. Si el Corbera no ganaba, desaprovechaba una ocasión fantástica para seguir el ritmo de la competición y presionar al líder.
Venían de un partido en casa contra el Club Patí Centelles, un equipo del medio de la tabla. El Corbera se acabó imponiendo por 9 goles a 5, pero el partido fue bastante complicado, primero por el juego rápido y ágil que hacían los visitantes y después, a causa de un fuerte bolazo que recibió un jugador del Centelles, abriéndole la frente, lo que comportó un desconcierto y una importante desconcentración entre los jugadores del Corbera, que hasta que no volvieron a dominar el partido, veían como los jugadores del Centelles iban marcando goles, a la vez que iban acosando el cansancio y desgaste físico. Finalmente, el cambio en la estrategia defensiva de los locales ayudó a generar muy buenos contraataques que acabaron en goles y así hacerse con el dominio absoluto del partido.
El partido de la 9ª jornada contra el Cornellà, no debía generar más complicación que la de un partido de puro trámite, pues el equipo va de penúltimo y ha perdido seis de los ocho partidos disputados hasta el momento. Se trata de un equipo curioso, pues es muy fluctuante, ya que no tiene una plantilla fija si no que está formado por un cóctel de juveniles, juniors y seniors que van rotando en cada jornada, con lo que el desarrollo del partido depende de la calidad y del nivel de los jugadores convocados en ese día. Y como, en parte, todo es cuestión de suerte, el Corbera se encontró con que el Cornellà tenía, para ese encuentro, el mejor de los porteros, o sea, el peor para sus intereses, porque fue capaz de pararlo prácticamente todo.
El partido empezó bastante bien para el Corbera, que no se dejó llevar, como otras veces, por la ansiedad de marcar goles. Controlaron el encuentro desde su inicio, sin ir a remolque, muy concentrados en su juego y con la táctica a seguir bien metida en la cabeza. Defendían con precisión, atacaban con nervio, estaban haciendo bien el trabajo, y sólo tenían que esperar a que llegara el gol.
Pero el gol no llegaba para ninguno de los dos conjuntos. Pasaban los minutos, el partido era tenso, vibrante, emocionante. Cada equipo robaba la bola con rapidez, atacaba y disparaba a la portería contraria, pero tanto el portero del Cornellà, como Martin Nieto, el guardavalla colombiano del Corbera protegían sus tres palos de manera impecable, parando cualquier disparo e incluso tapando penaltis o tiros directos. Es cierto que a los pocos minutos de empezar el partido, hubo una jugada polémica: Jonathan Giraldo anotó un gol para el Corbera, pero el portero del Cornellà sacó la bola de la portería tan rápido que el árbitro no pudo ver claramente como la pelota había entrado, con lo que decidió reanudar el juego señalando un doble golpe. Un gol totalmente válido que hubiera dado otro rumbo al partido.
Curiosamente, se llegó al medio tiempo con un empate a cero en el marcador, y digo que es curioso, porque es el primer partido del Corbera que en la media parte ni éste equipo ni su rival ha marcado ningún gol. Y todo indicaba que la segunda mitad seguiría la misma línea.
Los dos equipos volvieron a salir a la pista muy motivados, sabiendo que todo se definiría en los siguientes 25 minutos y no podían desperdiciar las pocas oportunidades que se podían presentar. Los colombianos patinaban rápidos, moviendo la bola con agilidad, buscando incesantemente marcar ese gol que les permitía seguir enganchados al líder y fue en uno de sus contraataques cuando el Cornellà encontró el hueco perfecto para presentarse ante la porteria de Martín con superioridad numérica y colar la pelota hasta el fondo de la red, apuntando de esta forma un primer tanto en el marcador.
El Corbera siguió con su táctica de juego y manteniendo la mente calmada para intentar remontar el resultado, pero en otro pequeño desconcierto y, casi repitiendo el mismo patrón de la jugada anterior, el Cornellà consiguió otro gol que, esta vez sí, desmontó por unos instantes los ánimos de los colombianos. El partido que tenían que ganar, se les estaba escapando de las manos, incluso a pesar de estar jugando de la mejor manera que sabían y siguiendo todas las directrices que les había dado el míster, Joan Bartolomé.
Apenas faltaban diez minutos para finalizar el partido, el público local ya disfrutaba de la victoria y los jugadores se sentían héroes por haberse impuesto a uno de los grandes. Pero en el minuto 20 de la segunda mitad, Juan Diego Toro fue el diseñador de una bonita jugada: iba con la bola por detrás de la portería cuando salío al primer palo. A él se dirigió el defensa que marcaba a Camilo Ramírez, con lo que le dejó libre para recibir al aire la bola lanzada por el capitán corberense chutándola con fuerza, batiendo al portero y apuntando un 2-1 en el marcador.
La sensibilidad del árbitro al señalar faltas fue un elemento que no ayudó al cómodo desarrollo del partido, pues las jugadas quedaban truncadas constantemente y los locales, en alguna ocasión incluso se aprovecharon de ello. Pero el Corbera siguió creyendo en su juego y en sus posibilidades y lo demuestra el hecho que dos minutos después del primer gol y en una jugada de varios chutes a portería, otra vez Camilo Ramírez volvió a definir con contundencia un disparo que, casi sin creerlo, supuso un empate sudado y sufrido.
Parecía casi imposible que en menos de tres minutos, el Cornellà consiguiera adelantarse de nuevo, porque los jugadores ya notaban el cansancio y, además, su moral estaba bastante hundida a consecuencia del empate inesperado. El Corbera ya había arrancado un punto que parecía perdido. Pero aún quedaban unos segundos para intentar conseguir lo imposible. A 18 segundos para el final del encuentro, Camilo Ramírez, nuevamente, recuperó una bola y salió rapidísimo, pegado a la valla. Al llegar al área, se la pasó a Jonathan Giraldo, que se encontraba en el medio de la cancha y éste, la cedió al veterano Jhon Fredy Gutiérrez que, situado muy inteligentemente en el segundo palo, recibió la bola y, con la rabia de quien no se da por vencido, la lanzó por el único hueco que había entre el portero y la red, un chute bien definido y que supuso el 2 – 3 definitivo.
Lo celebraron todos juntos, enloquecidos, aún sin apenas creerlo. No hubo tiempo para hacer ninguna otra jugada, pues el partido ya estaba acabado. Un verdadero milagro que llegó gracias al trabajo en equipo, bien hecho, acompañado de una actitud positiva, luchadora y no dando el partido por perdido en ningún momento, hasta que el pitido del árbitro no lo indicara. Un comportamiento verdaderamente de campeones. Jugaron a darlo todo y esto mismo fue lo que consiguieron.
Este equipo es capaz de conseguir todo lo que se proponga, cada vez es más sólido, más encajado, más resolutivo, más efectivo. Más campeón.
Tona Català.


